19 días y 500 noches

19 días y 500 noches

Parque Sur ganó el clásico otra vez y logró estirar el carnaval bajo una noche fresca en la ciudad y caliente en el rectángulo del Paccagnella, por la Liga Argentina. Joaquín Sabina escribió 19 días y 500 noches. Se lo llevó Parque, sintiendo otra vez ese whisky on the rocks, de visitante, en suplementario, al límite de la derrota en el tiempo regular, remontándolo en el último cuarto y dándolo vuelta en el tiempo extra. Explotó su desahogo con los hinchas tras el 87 a 85 final que lo encontró abrazado, saltando y cantando en la casa roja. Al Sureño le dio por reír, como reza esa canción, y volvió a escribir ese final que multiplica las noches. Rocamora estuvo muy cerca de ganarlo pero le duró lo que duran dos peces de hielo en ese whisky on the rocks y de pronto se vio como un perro de nadie ladrando a las puertas del cielo, con la miel en los labios y la escarcha en el pelo.

Si alguien pudiera guionar estas victorias la imaginación no estaría a la altura de la realidad y eso hace que cada partido de éstos tenga un estadio lleno. La manera en la que a veces los triunfos se consiguen valen bastante más que un partido ganado. Parque Sur ganó anoche más que un clásico. Como Rocamora perdió anoche más que un clásico. Por la forma en la que se llegó al resultado final.

El partido fue casi siempre parejo, apretado, emotivo, caliente, intenso, con algunos momentos de buen juego y otros no. Lo primero que uno debería rescatar antes de analizar lo visto y dejando de lado el resultado, es lo que Parque Sur y Rocamora generan y contagian desde hace un par de torneos. En los difíciles tiempos que corren en lo económico, los clásicos siguen jugándose a estadio repleto. Y más allá de la lógica rivalidad, el clásico convoca y se espera porque transcurre con una alta carga de adrenalina, dramatismo y emotividad hasta el último segundo. La fiesta en las tribunas sigue estando a la altura y ojalá se mantenga, independientemente del ganador de turno.

Los parciales no hacen más que reflejar lo explicado sobre el juego: 20-20, 22-22 (42-42 primer tiempo), 19-16 y 15-18 (76-76). El suplementario: 9-11 (85-87 el resultado final).

Parque y Rocamora regalaron otro clásico inolvidable, en la cancha y en las tribunas. Y fue tan apretado que sólo tuvo dos momentos donde un equipo contó con alguna luz de diferencia en el tablero y en ambos casos el rival lo igualó. Parque Sur en el arranque del juego –cuatro triples en su primer cuarto- pero los rojos lograron empardarlo (20 a 20). Y Rocamora en el último parcial –sacó la máxima que existió en el partido cuando restaban 6 minutos del clásico (9 tantos)- y los Sureños se lo empataron. Después estuvo siempre para cualquiera y se esperaba un final cerradísimo, donde los detalles, una revisión arbitral, el viaje de una bola hacia el aro, el corazón de algunos jugadores y las jerarquías individuales iban a decidir una victoria o una derrota. Y esto hace los clásicos convocantes. Que uno puede preparar mil cosas en la semana y gastar el bolígrafo en la pizarra en cada tiempo muerto, pero lo decide una pelota y el momento de los jugadores en ese instante. El genial Dante Panzeri dijo una vez que el fútbol es la dinámica de lo impensado y que los partidos lo definen los jugadores y a veces ni ellos si las circunstancias no los ayudan. Hubo bastante de esto anoche.

Rocamora no lo cerró cuando Parque le dejó la puerta abierta en el último cuarto. Luego, una revisión de los jueces y la decisión de anular un doble del uruguayo De León dejó el juego en suplementario tras el 76 a 76 final. El local también tuvo su posibilidad de llevárselo en el tiempo extra y volvió a dejar pasar su chance. Demasiado riesgo para el corazón del equipo sureño, al que las circunstancias lo habrán ayudado pero que basó su triunfo en estelares actuaciones que merecen ser contadas.

Los clásicos necesitan carácter e inteligencia para saber manejar los momentos del partido, para leerlos cuando se juega a mil por hora y para tomar riesgos en esos momentos. Agustín Richard fue el mejor intérprete, el que miró por la hendija. Cuando correr y cuando no, la asistencia en el momento adecuado, el pase en el lugar que nadie ve, el triple en el instante que más duele, la protesta a un pitazo de un árbitro, tener la bola cuando quema y no errar un tiro, cuando la mitad de un estadio te silba, y el equipo necesitaba los dos libres para empatar el juego faltando 10 segundos. Su cansancio físico –jugó casi todo el partido, por la lesión de Elnes Bolling en el primer cuarto- en el tiempo extra fue evidente pero no le quitó brillo a su trabajo de hormiga. Dentro de eso aportó 15 puntos (el tercer máximo anotador visitante). Seamos justos: Gastón Sieiro, a la hora de hablar de estas cosas, tampoco debería pasar desapercibido en el análisis del partido con sus aportes.

En esa dinámica de lo impensado y el momento de los jugadores a la hora del partido, la figura excluyente fue esta vez el último que llegó a este equipo sureño, un pibe marplatense de 23 años. Jerónimo Barón fue el goleador con 26 puntos y su noche es responsable del resultado. Barón hizo el mejor partido, por lejos, desde su arribo al club. Los dos triples desde 9 metros en el segundo tiempo, en momentos difíciles del equipo, significaron más que tres puntos. Su actuación, en el juego que más minutos lo tuvo en cancha, fue la más valiosa.

A ese podio se subió el extranjero Demondre Harvey, con 18 puntos –el segundo goleador sureño- y 10 rebotes. Harvey no fue anoche la figura porque Barón la rompió. Entregó uno de sus mejores partidos con esta camiseta y ese robo para enterrarle la pelota en la cara al grandote De León quedará guardado mucho tiempo –Parque pasaba al frente 72-74 en el último minuto de la noche, tras ir perdiendo 69-60.

Rocamora tuvo a Olocco como el goleador de su equipo, con 21 puntos y 6 rebotes. Olocco metió el primer doble de la noche, rompiendo los nervios del inicio tras casi tres minutos de juego. El buen aporte de Shaw, que terminó con 17 tantos. Y los 15 de Araujo, fundamental en los mejores pasajes de su equipo.

Pasó otro clásico, a la altura de la entrada, la categoría y el básquetbol de esta ciudad. Aunque las canciones, como esta de Sabina que le dio el título a esta nota, tuvo sabores distintos. Tenían razón. Parque Sur se fue con el corazón en los huesos, recibió dos besos, uno por mejilla. Rocamora regresó a la maldición del cajón sin su ropa y ahora deberá aprender a olvidarla porque gana uno solo. Al próximo clásico, salvo un cruce en playoffs, habrá que esperarlo dicienueve días y quinientas noches.

Comentario: Marcelo Sgalia. Foto: Luciano Maneyro.

Copyright © 2019 Club Parque Sur

Archivos

Futbol

La 2005 gritó campeón

La 2005 gritó campeón

El fútbol infantil y juvenil del club continúa preparándose para lo que será la temporada oficial 2019. Durante las últimas…