No imagino algo mejor

No imagino algo mejor

Es perfecto el aire, la cumbre bajo el sol. De lo que quede de mí, te llevo un poco. El club del barrio, como un bicho de ciudad. Parque Sur es esa canción que nos enamora y que desde el día que la escuchamos por primera vez la guardamos para siempre. Es el club de la vuelta de casa, el de la esquina, el de todos. El que hablaba el abuelo, en el que se formó el viejo, en el que hoy juega el pibe, en el que tantos pegaron ladrillo por ladrillo para levantarlo cerca del río. Parque Sur cumple hoy 43 años. Una edad en la vida en la que muchos comienzan recién a vivir, con las cicatrices marcadas a fuego en la piel, esas que lastimaron y ahora nos permiten caminar más seguro para perseguir los sueños por despertar.

Parque Sur es la vida y la casa de tantos, es el Sur pegado en el corazón, es el azul de la República del Puerto Viejo, son las veredas del barrio, las puertas abiertas y las ventanas sin rejas, son los saludos en las esquinas de los vecinos todos los días, los mates de la vieja y los asados en familia.

Parque Sur es la segunda categoría del básquet nacional donde los grandotes y profesionales le cachetean los rebotes a un ascenso. Pero sobre todo, es la sonrisa de esos gurises en el merendero del club, cacheteándole a la vida otro rebote más difícil frente a una taza de leche con amigos, embarrados después de patear una redonda.

Parque fue esa noche del último ascenso, sin dudas. Esa en la que un barrio entero picó la naranja en el parqué para ganar el campeonato en cada bola, para regalarnos cientos de abrazos del alma en esas madrugadas de ojos nublados y nudos que no dejaron salir las palabras de la garganta.

Parque es aliento, esfuerzo, coraje, entrega, amor, entre victorias y derrotas de más de cuatro décadas. Es la siesta en el barrio de una ciudad del interior y las noches de partidos esperados. Es el árbol para refugiarse del calor cuando en el silencio se escucha el río.

Parque Sur respira básquet, desde los gurises festejando sus primeros dobles hasta el TNA. Pero también es fútbol, naútica, bochas y el sueño de su pileta techada.

Como escribiera mi amigo Pipo Iglesias, Parque Sur es el Tío Rosen, Manguera, Mario, el Angelo, Marquitos, Jorge, Carlitos, todos los viejos que se nos fueron pero que están más que nunca con nosotros y con ustedes. Esos tipos que abraza un barrio entero, que le dieron identidad al club. ¿Qué voy a hacer, con tanto cielo para mí? Voy a volar, yo soy un bicho de ciudad.

En el que dejaron sus vidas varios más, como Marcos Conte, Ermes Frei, Rosendo Leturia. En el que todavía viven Payo Paolazzi, Chirola Quinteros y Julio Tamburlini. El que lloró a la familia Herrera y María Tamburlini en los últimos meses, sureños que nos arrancaron antes de tiempo.

Parque Sur es antes que cualquier otra cosa, Carlitos Schiavo. Y no te asustes si me río como un loco, es necesario que a veces sea así. Como esos uruguayenses desparramados en distintos lugares del mundo que tuvieran que emigrar, pero que sueñan con ese beso al regresar, como reza la canción.

Los clubes recorren un camino en el que son necesarias las lágrimas. El deporte, como la vida misma. Parque fue también la inundación que lo tapó de agua ante la tristeza de un barrio que se llenó de impotencia. Será la vida que siempre nos pega un poco, nos encandila con lo que está por venir.

No es casualidad después de todo, que Ciro haya dejado su música y sus letras flotando en el estadio antes del último ascenso, presentando un disco en el Sur antes que en el Luna Park. 43 años sureños, ladrillo por ladrillo pegados por un barrio entero. La verdad que hoy cierro los ojos y como reza una bandera en la popular en cada partido, no imagino algo mejor.

(Por Marcelo Sgalia, Jefe de Prensa del club Parque Sur).

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