Sangre sureña a la tierra de San Genaro

Yanina Mercancini fue convocada ayer para formar el representativo argentino de básquetbol femenino que viajará a Nápoles, Italia, a disputar los 30° Juegos Mundiales Universitarios de Verano, del 3 al 14 de julio. Es una de las dos uruguayenses y una de las cuatro entrerrianas. La acompañarán: Sofía Chelini (Talleres), Ornela Pag (Rocamora) y Maribel Barzola (Rowing). Esta torneo destaca el doble esfuerzo de los jóvenes: estudiar y al mismo tiempo seguir entrenando para la alta competencia.

En esa ciudad del Sur de Italia, a Yanina le alcanzará decir que es argentina. Y si cuenta que encima ama el deporte, como su familia, estará seguramente en su casa. Porque a la altura de San Genaro, el Patrono de Nápoles que la ciudad celebra cada 19 de setiembre, los napolitanos elevaron a Diego Armando Maradona. Dicen que los milagros fueron parecidos. La única diferencia fue que el 10 argentino los hizo con una pelota. A San Genaro lo decapitaron por acusarlo de hacer magia contra los leones que le habían lanzado para comérselo. Los leones sabían que eso no estaba bien y se negaron. Muchos años después, sobre esa misma tierra y esa sangre derramada, apareció la misma magia y desde una pelota llegaron los nuevos milagros.

En algunas semanas, Yanina Mercancini llevará su sangre sureña, otra pelota y jugará con una camiseta argentina en esas mismas tierras. Esta talentosa joven uruguayense de 24 años, que había decidido este mismo año dejar de jugar al básquet en forma oficial tras recibirse de kinesióloga en Buenos Aires, se emociona en nuestro primer contacto tras la noticia: “Leo y sigo todo lo que tiene que ver con Parque, he llorado con muchas notas y es un honor para mí verme en ellas”.

Yanina comenzó a jugar al básquet en 1999, tenía apenas 4 años. Era imposible imaginar que estaría en Parque Sur durante 12 años, hasta el 2011. En el 2012 la reclutó Vélez Sarsfield con apenas 17 años.

El año pasado terminó jugando para Centro Galicia. Este lo arrancó en el mismo club. “Mi idea era seguir jugando, por eso empecé pero me salió trabajo; yo vuelvo de un campeonato y me recibo de kinesióloga. Elegí mi trabajo, tenía que optar entre mi carrera y el deporte y me hice a un lado en el club porque no quería ser un estorbo. Podía ir a entrenar a veces, no podía jugar siempre. Entonces era incómodo para mis compañeras, para el entrenador y para mí”, expresa conversando con nosotros.

Yanina jugó un partido en marzo para Centro Galicia y tomó la decisión de dejar de jugar al básquet en forma oficial. Pero nadie que ama un deporte y que lo juega, como en su caso 20 de 24 años, lo deja. Siguió entrenando, sola.

Cuando la vida rueda y se llega al momento exacto de tomar tal decisión, en ese difícil instante aparecen las amigas de la infancia, del barrio, el club que te dibujó tus primeras sonrisas, el primer doble que le regalaste a tus viejos, las lágrimas por algún partido que se escapó y esos triunfos que abrazaban amigas jugando por el amor a una camiseta. Y sucede, como esa misma magia que la Nápoles que la espera tiene de sobra para contarle al mundo: “Estoy entrenando en la UBA con las chicas de Parque, Emi Richard, Mechi Pirovani, Pipi Casares, Maru Pascal y una chica de Rocamora, Vicki Sittoni”.

Y así recibió la noticia de esta convocatoria esta semana para ser parte del equipo nacional que viajará a estos Juegos Mundiales de Verano, que son organizados por la Federación Internacional del Deporte Universitario, se realizan cada dos años, reúne a estudiantes deportistas de todo el mundo entre 17 y 25 años del más alto nivel deportivo para competir en 15 deportes.

“No me la esperaba porque no estoy al mismo ritmo que muchas chicas que estaban entrenando en esa Selección, tras mi decisión este año de dejar de jugar. Seguramente el hecho de haber seguido entrenando me dio esta posibilidad. Me vino muy bien la noticia. Quiero agradecer a la Facultad porque me dio la chance de poder viajar y reacomodar unas fechas de exámenes porque me quedan tres materias para recibirme de terapia física (kinesiología) en la Universidad del Salvador”, nos cuenta Yanina Mercancini, quien viajará el 27 de junio con el equipo argentino para prepararse jugando distintos amistosos.

Concepción del Uruguay tuvo, tiene y tendrá talentosos y talentosas deportistas que pasan su infancia por nuestros diferentes clubes. La de Yanina es una historia más, que vale contar como tantas. Rescatar el ejemplo de que el club donde fuiste gurisa se lleva en la piel para siempre. Podés llegar a jugar dónde sea, ponerte la camiseta de la Selección Argentina, ir a Nápoles y codearte con los mejores deportistas universitarios del mundo. Pero el club de Escuelita, Mosquito, Premini, Mini y las primeras formativas se lleva en la piel.

No fue necesario ni preguntárselo: “A Parque lo llevo en la piel, literalmente hablando, para siempre y me siento orgullosa de eso…” Su emoción, y la mía al escucharla, son los puntos suspensivos que obligan a una pausa. Nuestros jóvenes, bombardeados desde diversos lugares y tantas veces castigados con frases trilladas, son el futuro. Nos viven enseñando.

Yanina Mercancini viajará con todo eso al ferviente sur napolitano. A una ciudad que entiende que es eso de llevar estas cuestiones en la sangre, en la piel y el corazón para siempre. Desembarcará en Nápoles, con los sueños que el deporte uruguayense hace realidad; justo a esas tierras donde los milagros ocurren y la sangre de San Genaro pasa de ser una masa seca a un estado líquido tres veces al año miles de años después.

Marcelo Sgalia, encargado de prensa del club Parque Sur. (Foto: Carlos Lozano).