El domingo floreció y los goles volvieron a abrazarlo

No fue un domingo más para los futboleros, tras la solitaria, triste y ojalá final pandemia que ni el Gordo Soriano hubiera imaginado escribirnos. El fútbol oficial volvió al barrio y con él regresó la gente a la cancha. Como quizás nunca antes, esta espera se tornó insoportable y llena de dolor, con muchas vidas pérdidas en respiradores de hospitales. El domingo lo sabía.

La siesta del día más lindo de la semana bailó otra vez con su música en las calles y los chicos caminaron nuevamente el carnaval más sentido de la mano del viejo por esas vereditas qué tienen ese no sé qué, cantaría el Polaco.

Las banderas desenfundaron su olor a humedad y naftalina y brillaron otra vez en los alambres que tocan las manos y el sufrimiento de todos y todas, porque alguien les dijo en ese domingo gris y bien sureño que el sol las espiaba emocionado tras el corralón de nubes que no quisieron faltar.

Ayer, las esquinas del Puerto Viejo bailaron otra vez y se llenaron de colores bajo el inconfundible sentir de los domingos de fútbol, que sonrieron olores y abrazaron las emociones postergadas. La cancha recuperó los murmullos de las pelotas que rozan un palo y el verde césped volvió a ser pisado por historias que se escriben con los pies.

Los goles, por fin volvieron los goles que el Covid nos quitó y los abrazos que los hacen eternos. Volvió el fútbol oficial, el maquillado y amateur fútbol nuestro. Ese que sabe de identidad de camisetas, nace en el esfuerzo y se sostiene con amor propio.

La pelota, tan maltratada tantas veces, gana siempre. Ayer le ganó a la pandemia y el barrio dejó ver a esa gente dónde quiere estar los domingos. Ojalá hayamos sabido aprender que más allá de locales y visitantes, a muchos nos hacen falta éstos domingos que persigue el corazón para volver a encontrarnos y hacer el resto de los días más felices. El fútbol lo entendió hace mucho. Por eso ayer la siesta tenía otra cara y los rostros futboleros dejaron que el domingo vuelva a sentirse domingo. Ayer cualquiera sin almanaque se hubiera dado cuenta qué día transcurría. Sólo había que sentir.

La belleza deja ver sus mejores expresiones en domingos como ayer, cuando un soñado grito de gol vuelve a enamorar a un barrio.

El fútbol le gritó sus goles al virus y le arrancó sus barbijos bañados en alcohol. Hubo un partido, que mejor deberíamos contar en otra nota. Lo más importante era que esos abrazos, esa música, esos olores y esos colores volvieran a ser libres por esos aires y esos suelos. El fútbol bien sabe que vive mejor en los domingos. Y los domingos sintieron ayer que florecieron de nuevo, para que otra primavera los abrace con la gente en un grito de gol.

(Marcelo Sgalia, periodista y encargado de prensa del club Parque Sur).