El juego arrodillado a sus pies

Martina Aranda, a sus 18 años, dirigió el domingo a la mañana su primer partido masculino de categoría Mini. Lo había hecho en el Mini femenino y en las categorías más chicas. El primero fue en el Gigante por el torneo local, entre Parque Sur y Regatas. Esta joven uruguayense que cursa su primer año en el profesorado de Educación Física y forma parte de la Escuela de Arbitros de la ciudad, quizás nunca pensó que ese debut sería en un partido definido por apenas un punto y con todos los gurises en la mesa de control pidiendo el resultado y sumando los finales de cada cuarto con los dedos, como en un examen de matemáticas.

Pero la foto que nos regaló llegó después de esos nervios y tanta adrenalina, cuando no dudó en arrodillarse en la mitad de la cancha ante un puñado de gurises de la Escuelita sureña y celeste. Los pequeños necesitaban explicaciones del árbitro. “¿Por qué ahora tenemos que tirar en el otro aro?”, fue una de las preguntas. Otros aprovecharon para contar sus nombres o a qué escuela iban. Entonces, ella y la naranja, bajaron maternalmente sobre esas caritas y el juego demoró lógicamente su inicio, ante un estadio poblado de espectadores de ambos clubes.

Un nene de 3 años, vestido con los colores sureños, tomó la pelota y aprovechó para correr de un aro a otro con la ilusión de un doble. Los que no les tocaba entrar en ese cuarto eligieron correr a la reunión de la mitad del estadio para ver qué era lo que estaba pasando. Martina se sentó a darles las respuestas y el juego entendió que esta vez debía esperar. Lo más importante no era él.

Ella, como los otros 8 árbitros de la Escuela uruguayense que realizan desde hace unos meses sus primeras armas en el minibásquet, deben hacer docencia. Aprenden enseñando y jugando juntos. Pero hay actitudes que florecen desde el compromiso y la pasión. Martina jugó al básquet de chica, en Bajada Grande y ahora practica handball. Nos contó esta parte de su historia, para ponerle letras a esta maravillosa imagen.

“Comencé el curso de árbitro el año pasado. Lo vi en la tele y pensé qué iba a servirme para la Facultad. Elegí probar y me gustó. Lo que más me gusta es arbitrar a los chicos de Escuelitas y Mosquitos, la inocencia que tienen, sus preguntas… El domingo se dio que tenían ganas de charlar y contarme cosas, a qué escuela iban por ejemplo. Soy de preguntarles cómo se llaman. También me pasó el domingo cuando me iba del estadio que un nene vino corriendo a saludarme y a contarme que me conocía porque lo había dirigido en otro partido y si yo me acordaba de él”, nos relata Martina Aranda, antes de hacer viral esta foto.

Emiliano Dellagiovanna, encargado del Colegio y la Escuela de Arbitros, también nos agregó su visión: “Consideramos conveniente que ella pueda ser incorporada a una categoría más exigente, en forma paulatina. Son unos 9 chicos que vienen trabajando con nosotros desde el año pasado. Algo que se destaca de Martina es la buena predisposición siempre, estando presente para dirigir o para asistir a las clases. Y evidentemente entendió muy bien el concepto de que en el minibásquet tenemos que enseñar primero y sancionar después”, expresó al conversar con nosotros.

Sólo resta que todos los que rodeamos una cancha de minibásquet entendamos que se equivocan porque están aprendiendo mientras enseñan. No fue el caso este domingo, pero muchas veces pareciera que los únicos que no pueden equivocarse son ellos. Ya tienen demasiado con eso de ir a un juego vestidos todos de negro.

(Por Marcelo Sgalia, periodista y encargado de prensa del club Parque Sur).